El doloroso camino hacia la emancipación del placer sexual femenino.

Por: Gilda Arianna López Carranza


Por siglos las camas han sido lugares
donde el único que dejaba una huella era el
hombre. Lugares en los que las mujeres
se han tumbado con la vaga esperanza de
obtener un poco de placer y quedar
embarazadas. Lugares en los que
nuestros cuerpos han sido un mero campo
de cultivo o de ocio ajeno. Hemos perdido
siglos de placer, orgasmos, deseo
autónomo y traemos eso en nuestra
memoria celular, la de nuestras madres,
abuelas, bisabuelas y así por generaciones
y generaciones.

Cambiemos eso…1

DIANA J. TORRES

Recuerdo bien aquella anécdota que una amiga compartió conmigo respecto al entierro de su madre. No supo por qué, pero al momento de caer la tierra sobre el ataúd, se preguntó con pesar si alguna vez la mujer que le dio la vida habría experimentado al menos un orgasmo; puesto que, en cierta ocasión, ella misma le había confesado que tener relaciones sexuales con su padre era todo un martirio. Sólo abría las piernas, cerraba los ojos y esperaba a que su marido hiciera lo suyo. Como buen macho, él jamás se preocupó ni se ocupó del gozo de su madre. Lamentablemente, aún es común escuchar historias similares, historias sobre mujeres que jamás sintieron algún tipo de orgasmo o que, en el mejor de los casos, tardíamente los experimentaron. Si bien es cierto que vivimos en un contexto muy diferente al de nuestras abuelas y nuestras madres: la pornografía está al alcance de cualquiera con tan sólo un clic, existen aplicaciones que permiten acercarnos sin rodeos, la diversidad de prácticas sexuales es amplia y ni hablar de la cantidad de opciones de juguetes sexuales disponibles en el mercado. Podemos observar en redes sociales, tales como Facebook e Instagram, una oferta creciente de talleres teóricos y prácticos sobre placer femenino y orgasmos.

¿Qué está ocurriendo en esta etapa de revolución postsexual,2 donde el deseo sexual femenino se ha tornado más aceptable? ¿Por qué en pleno siglo XXI hallamos esta problemática? Como lo menciona la Dra. Fabiola Trejo:

Las desigualdades de género no sólo están en nuestros salarios, en las políticas públicas, en la educación o en los derechos; las desigualdades sociales las llevamos hasta la cama y es necesario analizar la brecha del orgasmo porque mientras sigamos ignorando y manteniendo intocable el placer sexual de las mujeres bajo la falsa creencia de que es normal que sea difícil, normal que no lo sintamos y que no lo deseemos, la sexualidad y el cuerpo de las mujeres seguirá encadenado a los deseos, necesidades y placeres de lo masculino.3

La brecha del orgasmo entre mujeres y hombres es considerable. En México, los hombres tienen en promedio 20% más orgasmos que las mujeres en encuentros heterosexuales.4

¿Cómo la violencia de género atraviesa el tema de la sexualidad femenina? La violencia que se ha ejercido sobre la sexualidad de las mujeres ha sido sistémica, ya que, a lo largo de la historia occidental, el sistema patriarcal se ha valido de instituciones, como la religiosa, la clínica o la educativa, para reprimir y controlar sus cuerpos y deseos. La culpa y el miedo se anclaron debido a aquellos discursos incesantes que naturalizaron la inhibición sexual de la mujer. La Iglesia se valió de la noción de pecado; la escuela centró la educación sexual en la reproducción, y la ciencia médica estableció la frontera entre lo funcional y lo patológico en el cuerpo femenino.

Particularmente, durante el siglo XIX, la medicalización del comportamiento sexual «anormal» de las mujeres las clasificó en ninfómanas5 o en histéricas.6 Aquella que se permitiera sentir más de lo debido, sexualmente hablando, era considerada enferma o pecaminosa, no sólo por quienes la rodeaban, también por ella misma. En el caso de la ninfomanía, el tratamiento podría consistir desde baños fríos de asiento hasta la ovariotomía o la clitorotomía.7 Mientras que, para la histeria, se recomendaba el masaje genital hasta el orgasmo, realizado por un médico o una matrona, aunque posteriormente entraría en escena el vibrador, un dispositivo electromecánico que facilitaría dicha tarea.8 Detrás de estas patologizaciones está la concepción de una sexualidad heterosexual, falocéntrica y coitocéntrica, por lo que era inconcebible que las mujeres no hallaran satisfacción en ese modelo sexual, razón suficiente para tildarlas de anómalas físicas o psíquicas.

En la negación del placer sexual femenino se halló un mecanismo para controlar a las mujeres, limitando su libertad a los intereses del poder y de sus reglas: la mujer sólo debería ejercer su sexualidad dentro del matrimonio y para la procreación. Sin embargo, hacia finales de la década de 1960, el feminismo reconstruyó el vínculo histórico entre orgasmo y feminidad. El orgasmo femenino, a través de la «deconstrucción» del clítoris y sus placeres, llegó a significar el poder político de la autodeterminación sexual de las mujeres. Su propuesta se opuso al discurso freudiano que definía a las mujeres como naturalmente subordinadas a los hombres, emocionalmente pasivas e ingenuas y esencialmente maternales. Así, la sexología moderna proporcionó información mediante la cual se posibilitó construir una nueva visión de la sexualidad centrada en la feminidad, no en la vagina ni en la reproducción, sino en una práctica placentera.

Armadas con los estudios de Alfred C. Kinsey9 y William Masters y Virginia Johnson,10 que prestó importancia al orgasmo como único indicador del placer sexual, un grupo de feministas se dispuso a desenmarañar los enlaces simbólicos entre la subordinación social y la sexual. Argumentaron que mujeres y hombres compartían la capacidad fisiológica para responder a la estimulación sexual. Y, en consecuencia, ofrecieron un modelo contradiscursivo de la sexualidad femenina a partir de la autodeterminación, la autonomía y la igualdad.

En su texto El mito del orgasmo vaginal,11 Anne Koedt critica de manera aguda los discursos médicos y psicoanalíticos de la época, por patologizar a las mujeres que no alcanzaban el orgasmo a través de las relaciones heterosexuales. Para Koedt, la principal fuerza motriz que perpetuaba los conceptos erróneos sobre la sexualidad femenina era mantener a las mujeres en un papel subordinado. Por tanto, consideraba que las mujeres debían volverse agentes sexuales totales, responsables de reclamar su propio placer; puesto que estaba en juego, ni más ni menos que, su salud mental.

Ese mismo año, Betty Dodson, conocida como “la madrina de la masturbación femenina”, descubriría su vocación como educadora sexual y sería pionera en la impartición de talleres en los que grupos de aproximadamente 10 o más mujeres exploraban sus propios cuerpos y aprendían a masturbarse: compartir información sexual con otras mujeres resultaba fundamental para acabar con la represión sexual a la que habían estado sometidas. La masturbación como liberación de dicha represión se convirtió en el argumento feminista de Betty, pues podía transformarse en un acto político para las mujeres. En su libro Sexo para uno. El placer del autoerotismo, dejó claro que cuando una mujer se masturba, descubre el erotismo, aprende a responder sexualmente, acepta sus genitales, disfruta los orgasmos, adquiere confianza y respeto por sí misma.

Sin duda, estas feministas fueron precursoras de una política sexual que abogó por la re-significación y re-apropiación del cuerpo femenino, al concebirlo como un espacio de placer y autonomía para las propias mujeres. Los grupos de autoconciencia posibilitaron diseñar planes de acción y reivindicaciones directamente conectados con la experiencia de las mujeres de carne y hueso. Actualmente, resulta interesante apreciar una continuidad de esas dinámicas de organización, en los cursos y talleres que brinda un grupo creciente de feministas (sexólogas y psicólogas en su mayoría), cuya corriente han denominado sex positive o sexualidad positiva. Su misión consiste en promover el derecho de las mujeres a apropiarse de sí mismas a través de sus cuerpos y de su placer. Por ejemplo, en el caso de México, encontramos en la capital, el proyecto Placer & Sexualidad Positiva,12 donde se ofrece una experiencia enfocada en sanar la relación que las mujeres tienen con su cuerpo mediante el autodescubrimiento, la autoconciencia, el amor hacia sí mismas, la sororidad y el placer sexual.

Lo anterior nos habla de que el contexto ha cambiado, la atención se ha centrado no sólo en visibilizar la importancia del placer sexual femenino, sino además en tomar acciones al respecto. Acciones dentro de espacios sororos y seguros, organizados por aquellas mujeres que están plenamente convencidas sobre la relevancia de compartir sus vivencias en este terreno: sus saberes, sus deseos, sus fantasías y sus actividades sexuales. Dichas acciones buscan arrancar desde la raíz los tabúes que giran en torno al placer sexual femenino: haciéndolas conscientes de su derecho y que pueden ejercerlo cuando y como lo deseen; haciéndolas conscientes de que la creencia de la mutualidad orgásmica mediante el coito heterosexual es un mito; haciéndolas conscientes de que la pornografía generalmente es una representación del imaginario masculino sobre las respuestas sexuales de las mujeres; haciéndolas conscientes de que la vida sexual puede disfrutarse en solitario o en pareja; y, haciéndolas conscientes de que pueden adquirir mayor confianza, asertividad y creatividad al buscar su propio goce sexual.

El camino hacia la emancipación de la sexualidad femenina ha sido un proceso lento y doloroso. Por tanto, considerar que la negación del placer sexual femenino es una forma de violencia de género, para nada es exageración. Durante mucho tiempo se invisibilizó el orgasmo femenino gracias a la desinformación. Históricamente, el patriarcado echó mano, principalmente, de la medicina y de la moral para mantener a raya a las mujeres, dictando los lineamientos “correctos” de su respuesta sexual. Lineamientos que introyectaron significativamente, de tal modo que siguen teniendo la sensación de algo malo en ellas: por tener poca o mucha libido, por masturbarse, por coger demasiado o nada, por eyacular o no, por no alcanzar el orgasmo con la penetración, por priorizar su placer, e incluso, por la forma y el color de sus genitales, etcétera. Por eso, seguimos escuchando, una y otra vez, las mismas historias sobre un tardío disfrute de su vida sexual. Y es que las construcciones socioculturales: esas murallas de pudor y de prejuicios, son las más difíciles de derribar.

No obstante, para muchas mujeres, retomar el poder sobre sus cuerpos comienza, sencillamente, al tomar despreocupadamente un espejo, recostarse desnudas en algún lugar cómodo, abrir sus piernas y conocer su vulva, tanto el tamaño como la tonalidad de sus labios; cada uno de sus orificios, y su clítoris: ese pequeño gran órgano cuya única función es brindar placer. Al dejar de avergonzarse de su cuerpo, las mujeres podrán descubrir y gozar del potencial que encierra su sexualidad, ya que, como lo señala Naomi Wolf, el placer sexual femenino bien entendido es un medio que proporciona a las mujeres autoconocimiento, esperanza, creatividad, felicidad, libertad y trascendencia.13

Ilustración: Nirvana
ILUSTRACIÓN:
NIRVANA
1 Diana J. Torres, Pucha Potens. Manual sobre su poder, su próstata y sus fluidos (México: Sexto Piso, 2020), 84.
2 Etapa posterior a las décadas de los sesenta y setenta del siglo XX.
3 Fabiola Trejo, “La brecha del orgasmo: mujeres, masturbación e igualdad”, Este país, 29 de julio de 2019, https://estepais.com/sociedad_nueva/exclusivo-en-linea-la-brecha-del-orgasmo-mujeres-masturbacion-e-igualdad/
4 Idem.
5 La ninfomanía era definida como un trastorno caracterizado principalmente por un excesivo deseo sexual, a lo cual podían sumarse sueños lascivos, masturbación, orgasmo y miedo a perder el control, entre otros.
6 La histeria era considerada una enfermedad femenina que comprendía un conjunto de síntomas tales como desmayos, nervios, insomnio, falta de aliento, pérdida de apetito, entre otros. Básicamente se debía a la falta de gratificación sexual y/o suficiente copulación.
7 Carol Groneman, Una historia de la ninfomanía (México: Océano, 2009).
8 Rachel P. Maines, La tecnología del orgasmo. La histeria, los vibradores y la satisfacción sexual de las mujeres (Santander: Milrazones, 2017).
9 Uno de los primeros estudios con enfoque sociológico sobre la conducta sexual de hombres y mujeres.
10 Se centraron en la respuesta sexual, observando a mujeres y hombres mientras se masturbaban o tenían relaciones sexuales.
11 Anne Koedt, “El mito del orgasmo vaginal”, Debate Feminista 17, vol. 23 (abril de 2001): 254-63.
12 Fundado en 2012 por la Doctora en Psicología Social Fabiola Trejo, primera mujer certificada en Latinoamérica por Betty Dodson.
13 Naomi Wolf, Vagina. Una nueva biografía de la sexualidad femenina (Barcelona: Kairós, 2013), 15.
Bibliografía
Groneman, Carol. Una historia de la ninfomanía. (México: Océano, 2009)
Koedt, Anne. “El mito del orgasmo vaginal”. Debate Feminista 17, vol. 23 (Abril de 2001): 254-63.
Maines, Rachel P. La tecnología del orgasmo. La histeria, los vibradores y la satisfacción sexual de las mujeres. (Santander: Milrazones, 2017)
Torres, Diana J. Pucha Potens. Manual sobre su poder, su próstata y sus fluidos. México: Sexto Piso, 2020)
Trejo, Fabiola. “La brecha del orgasmo: mujeres, masturbación e igualdad”. Este país, 29 de julio de 2019. https://estepais.com/sociedad_nueva/exclusivo-en-linea-la-brecha-del-orgasmo-mujeres-masturbacion-e-igualdad/
Wolf, Naomi. Vagina. Una nueva biografía de la sexualidad femenina. (Barcelona: Kairós, 2013