Las tres pasiones de Elena Poniatowska. Entrevista1

Por: Daniel Moreno, Dalia Vázquez, Braulio Guerra “Mago” y Georgina Quintero

Primera: la voz de los olvidados

La maestra Poniatowska, al fin, habló un poco más de quiénes somos:
somos lo que escuchamos, somos la confianza que hemos recibido,
dijo: las historias que otros nos prestaron, con la esperanza
de que las contáramos, si no mejor, a más personas.
Martín Caparrós

Contar la vida de seres que habitan las periferias y viven en los márgenes de la prosperidad, hace de Elena Poniatowska el reverso de la mayoría de los escritores. Más que inventar historias, las encuentra: su literatura es la recreación constante de los testimonios y las vivencias de los olvidados. Escribir se torna en un acto de empatía y amor, a la vez que de indignación y denuncia, bajo su pluma.

–Yo sé que hay gente que trabaja en la calle y que vive en la calle, y que para esa gente ha sido horriblemente difícil la pandemia, muy duro–, dice con voz triste. Esa tendencia a saber del otro, a preocuparse por él, a escucharlo, le viene de su formación:

Me inicié en 1953, en el periódico Excélsior, porque vi que hacía entrevistas una [reportera] que firmaba como Bambi –en realidad su nombre era Ana Cecilia Treviño y era la esposa de Alberto Gironella, un gran pintor mexicano–, entonces, ella hacía unas entrevistas, pero no ponía las preguntas. Ponía nada más las respuestas y dibujaba. Ella dibujaba muy bonito. Me llamó la atención…luego, me cayó la posibilidad de entrar a Excélsior como periodista, desde entonces, empecé a escribir como hasta ahora… Y luego, me pasé a Novedades, y soy fundadora de un periódico de Izquierda, al que estimo y quiero, que se llama La Jornada.

Para Poniatowska, descendiente de la nobleza de Polonia y nacida en Francia, era más fácil abdicar del pensamiento crítico y disfrutar de una vida impasible en Europa que oponerse al poder. Optó por la segunda opción y se quedó en México. Como cronista, rompió el silencio sobre la matanza estudiantil de 1968, que enlutó la historia de este país, en una época en que hacerlo significaba arriesgar la vida. –“La noche de Tlatelolco” fue, diría Monsiváis, “un extraordinario multitestimonio” que te atreviste a publicar en pleno auge de la Guerra Sucia, cuando se endureció la represión política en el país.

–Bueno más bien el mérito es de la editorial Era. Se la jugó el editor que se llamaba Tomás Espresate, él dijo que publicaba ese libro, que había estado en la Guerra Civil de España, que sabía lo que era una guerra: él era un refugiado español en México, como muchos más. Y él se lanzó a publicarlo. Él fue quien corrió los riesgos y, finalmente, se dijo, se corrió la voz de que iban a recoger, a incautar, todos los ejemplares de este libro en las librerías. Y eso solo fue la mejor táctica para venderlo, no se pudo pensar en ninguna otra, porque la gente decía “¡ah, el libro se lo van a llevar!, ¡se lo van a llevar!, ¡va a desparecer!”, entonces, se vendieron varias ediciones en un mes y nunca lo desaparecieron.

Esa misma actitud de contar lo sucedido y dar voz a quienes no pueden hacerse escuchar, la llevó a escribir “Nada Nadie. Las voces del temblor”, cuando el terremoto de 1985 hizo trizas la vida de miles de mexicanos un 19 de septiembre (fúnebre día que volvería a repetirse en 2017). Y es que ella afirma que su único legado es la curiosidad por los acontecimientos y por reseñarlos, y que no se pierdan, por hacerte una crónica. Y luego también interés en los demás, en los seres que he entrevistado: hombres, mujeres, niños, en los especialistas, en los gremios. Creo que eso ha sido mi tarea hasta ahora.

Quizá por ello, la política, en su sentido profundo de servir a los demás, no le fue ni le es ajena. Junto a otros intelectuales, como Luis Javier Garrido y Arnaldo Córdova, apoyó a quien hoy ocupa la Presidencia de la República: Yo lo conocí en Tabasco con Julieta Campos y Enrique González Pedrero, que era el gobernador entonces de Tabasco, ya desde entonces estaba allí Andrés Manuel López Obrador, y hacía política y defendía a la Chontalpa. Defendía a los indígenas y se preocupaba por la gran tragedia que está viviendo ahora su propia tierra, Tabasco, por el agua… Por el desbordamiento del río Grijalva.

Y recuerda el apoyo que le brindó al líder de la Cuarta Transformación: Me pidió que hablara en el Zócalo algunas veces, para mí era muy difícil, muy traumático, porque estábamos encima de una plataforma; había una multitud de gente. Pero en realidad eran como discursos o pequeñas intervenciones para hacer tiempo a que llegara Andrés Manuel López Obrador, que esperaba a que la plaza estuviera llena para llegar y él fuera quién hablara. Y él le hablaba al público y se entregaba al público. Y eso en general sucedía los días domingos, entonces, esa fue mi participación. Pero yo ahora no tengo nada que ver, no estoy en el gobierno… Además, ya voy a cumplir 89 años… Solamente sé lo que yo leo en los periódicos; no tengo acceso a ningún informe secreto, ni sé cómo va a ser el futuro. Estoy alejada. Tampoco lo hice yo cuando partícipe para ser miembro del gobierno.

Segunda: mujeres, de alas y plumas

A lo largo de la historia… la mujer ha sido
más que un fenómeno de la naturaleza,
más que un componente de la sociedad,
más que una criatura humana: un mito.
Rosario Castellanos

–Tengo una pregunta que tal vez es un poco polémica: en el siglo XX, en México, cuando la lucha feminista todavía era incipiente, ¿qué dificultades encontraste tú como escritora por el hecho de ser mujer en un país donde la cultura machista se respiraba en el ambiente?

–Bueno, había pocas mujeres como periodistas, por ejemplo, en Excélsior éramos dos mujeres: Bambi (Ana Cecilia Treviño) y yo; entonces éramos la güera y la morena, y éramos, pues, mujeres que nos lanzábamos y siempre decían que nos iba a pasar algo malo, que porque era un medio muy difícil el del periodismo, muy conflictivo…

Al igual que Elena Poniatowska, muchas escritoras enfrentaron, y siguen enfrentando, la ignorante mirada que ve en las mujeres seres incapaces de las letras. El hecho de que se diga que las mujeres no tienen el mismo reconocimiento o que no hay ninguna mujer en el Boom pues [evidencia que] sí, sí hay machismo en la literatura todos lo sabemos, lo hay en España, lo hay en México, lo hay en el resto de América Latina. En parte, por eso se ha dedicado a rescatar la vida y la obra de notables escritoras en muchos de sus libros: “Leonora”, “Tinísima”, “Las siete cabritas”, “Querido Diego, te abraza Quiela”. A varias las recuerda entre sonrisas:

Considero que dos mujeres que ya han muerto han sido buenas escritoras, una es Rosario Castellanos, que nos regaló su tierra, Chiapas, a través de novelas y de cuentos. Otra es Elena Garro, que nos regaló su idea de la Revolución Mexicana. Otra es Josefina Vicens, que escribió un libro que todo el mundo amo y festejó: “El libro vacío”. En fin, hay cuentistas también: Guadalupe Dueñas fue una excelente cuentista, Beatriz Espejo, esposa de Manuel Carballo, también es una excelente cuentista… Ahora [entre] las más jóvenes, por ejemplo, están Sabina Berman… Y otras escritoras… Pero, yo sí creo que, por ejemplo, en el Fondo de Cultura Económica y en otras editoriales, se publican al mismo tiempo y con igual cuidado, con el mismo cariño con el que se publica a un hombre, Aline Pettersson y Margo Glantz.

Hay también mujeres a las que Elena nombró para regresarles el lugar que ocupan en la historia. Gracias a su pluma, sabemos de la existencia de mujeres como la revolucionaria Josefina Bórquez, a quien cariñosamente llamó Jesusa, en la novela en la que narró su vida: “Hasta no verte Jesús mío”. Cuando la muerte alcanzó a Bórquez, Poniatowska escribió: “Quisiera…cobijarla con todo el amor que jamás recibió, entronizarla como a tantas mujeres que hacen la historia de mi país: México, y que México no solo no acoge sino que ni siquiera reconoce”.

–Tu última novela, “El amante polaco”, está dedicada a Marta Lamas. Me gustaría preguntar sobre esta relación que tienes con ella: la amistad con una mujer que de cierta forma encabeza una de las luchas feministas y el reconocimiento de la mujer en el ámbito literario.

–Marta Lamas me cuida como si yo fuera su mamá… Ha sido muy cariñosa. Ella reúne a comer –pero ahora ya no se puede, con la pandemia– a una serie de mujeres. A una escritora como Carmen Boullosa, a Sara Sefchovich, en fin, una serie de mujeres que son autoras buenas, y las reúne en general los viernes, en una comida en la que se discuten políticas y todo. Hay una mujer muy valiosa, María Consuelo Mejía, que dirigió un grupo que se llama “Católicas por el derecho a decidir”, un grupo que no condenaba el aborto, y también, bueno, una serie de personas que leen los periódicos y que tienen ideas y han hecho aportaciones políticas. Eso ha sido para mí un alimento. Me nutro yendo y oyendo distintas opiniones en esa comida, en casa de Marta Lamas. Pero ya está suspendida y no sabemos cuándo va a poder reanudarse.

Tercera: literatura

Yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.
Jorge Luis Borges

Fragmentos de nuestra memoria colectiva, expresiones de la lengua “popular” en la que Alfonso Reyes adivinaba los “movimientos del lenguaje vivo”, se entretejen en la prosa del “pájaro de la literatura mexicana”, como Octavio Paz llamó a Elena Poniatowska. Da la impresión de que sin su literatura “México se desmexicaniza”.

– ¿Cuál es el proceso de creación de tus obras literarias?

–En general la base de todo son mis entrevistas o los acontecimientos en mi país o unir a los jóvenes, por ejemplo, en torno a “La noche Tlatelolco”, pues, preguntarles a los jóvenes qué sentían, cuál era su posición, su postura, su dolor, su tristeza, su aislamiento, su rechazo del gobierno; en ese sentido, es un acercamiento a la gente a través de preguntas. Yo siempre cargo una libretita o cargaba una libretita y ahí apuntaba las respuestas. Era lo que se llama pues entrevistas y una forma de reportaje, un reportaje es cuándo te presentas en el sitio, en el lugar donde está sucediendo algo que a ti te interesa Y entonces a partir de eso tú escribes, y ya decides si quieres hacer sólo una crónica. Yo creo muchísimo en la crónica. Creo que tenemos grandes cronistas en México…

– ¿Qué significó, para ti, este recorrido histórico que haces en tu última novela, “El amante polaco”, sobre tus raíces en Polonia y en Francia?

–Bueno antes de morir, pensé, voy a ver quién era Estanislao Poniatowski, este rey polaco. Y cuando lo leí –leí sobre él en francés, en inglés– me cayó bien, me pareció que se interesaba por cosas muy válidas. Se interesaba por cosas que a mí también me llaman la atención, que son el arte, la creación y la situación de los menos afortunados, que son los temas que también me han apasionado a lo largo de mi vida. Solo que para mí lo más importante ha sido –como yo no nací en México–, pues, ha sido descubrir a gente que era totalmente distinta a la mía. Y empecé con las muchachas que trabajaban en mi casa, que contaban su vida: los besos tronados que les daban sus novios, la banca en la que se sentaban en el parque, el sueldo: que si era miserable o no, en fin, el ir a bailar, en la posibilidad del embarazo, el novio, todo eso. Y entonces, pues, para mí fue un mundo nuevo, y muy creativo. Y el español, la forma de hablar, también me llamó mucho la atención.

–Elenita, para nosotros eres un referente en la literatura nacional, eres como nuestra mentora: no te conocemos personalmente, pero te hemos leído. Por eso, te quiero preguntar: ¿quiénes son tus mentores intelectuales o qué escritores han influido en tus obras?

–Bueno piensa que yo me he dedicado a la entrevista y también al ensayo, a la crónica, pues, obviamente a mí me interesaron muchísimo Carlos Monsiváis, José Joaquín Blanco, y otros… Hermann Bellinghausen me parece un espléndido cronista. Jaime Avilés, que por desgracia murió, también era un espléndido cronista…. Leí mucho a Octavio Paz, leí mucho a Carlos Fuentes, leí incluso a Luis Spota. Todos entre sí se peleaban un poco. Leí también a Jaime Sabines, el gran poeta. Leí a Miguel León Portilla, sobre el pasado de México, en fin, hay muchísimos autores a quienes recurrir. Amé mucho, quise muchísimo, a Rosario Castellanos, a Josefina Vicens, que también tuve el gusto de conocer. Trato de seguir la literatura que se hace en este momento. Me parece, por ejemplo, un espléndido escritor Mario Vargas Llosa, que ha seguido publicando y trabajando a pesar de haberse sacado el premio Nobel. Y así, tenemos una lista de escritores importantes a los que hay que ponerles atención.

–En cuanto al Boom femenino que ha habido en la literatura, ¿cuáles crees que son las voces femeninas más fuertes de México hoy en día?

–Yo creo que no hay un Boom femenino. Hay una presencia en la pantalla a través, por ejemplo, de Carmen Aristegui con su noticiero en las mañanas; ya hay mujeres periodistas, destacadas, reconocidas. Ahorita yo creo que la literatura tanto masculina como femenina está más bien aplatanada…

–Entre los autores contemporáneos que has leído, ¿quiénes crees que sean una esperanza para sostener los pilares de la literatura?

–Hay una escritora, Fernanda Melchor, con “Temporada de huracanes”, de quien se habla muchísimo; también, se habla de Sabina Berman, aunque es mayor… Hay una joven editorialista en El Universal, pero no es muy joven, pero en fin, Adriana Malvido. Y la gente que gira en torno a Carmen Aristegui, es gente inteligente. La gente que tiene sus propias opiniones políticas y tiene la oportunidad de decirlas y de darlas a conocer. Entonces si hay una serie de escritores jóvenes que yo creo que son importantes, y que hay que irlos a buscar a las librerías.

– ¿Qué piensas sobre que todos podemos escribir a través de redes sociales? ¿Esto ha mermado la calidad de la literatura?

–Yo creo que es una forma de comunicarse que yo aprecio mucho y que me interesa muchísimo... Claro, mucha gente se queja de que se escribe “que” nada más [con] la “q”, [de] que se reducen las palabras. Yo no uso celular, no tengo esa capacidad, pero sí, sí siento que las redes acercan a la gente; es una fuente de información de una riqueza indudable.

–Elenita, ¿qué recomendaciones le das a los jóvenes que se adentran en este terreno de la escritura? Sobre todo cuando hay cierto pesimismo: siempre te dicen “no, no te dediques a ello, no te va a dejar dinero”.

–Yo no me siento capaz de hacer recomendaciones, pero siempre creo que si uno va a escribir, pues es un binomio: lo que es más indispensable es leer, leer a los clásicos, pero leer también a otros escritores. Leer periódicos, leer revistas, leer, leer y leer. La lectura es la que te ayuda a adquirir un estilo, pero también te ayuda a adquirir conocimiento, entonces, creo que es importantísima la lectura, dedicarse a leer. A Monsiváis siempre lo vi con un libro bajo el brazo, y siempre tomara un camión, un taxi, un tranvía, bueno lo que fuera, él leía, leía. Recuerdo cuando fuimos a Israel: él se sentaba encima de su maleta, y mientras yo pajareaba: miraba a los demás pasajeros o miraba para acá y para allá, me distraía, él se concentraba y delante de mí hasta terminó la lectura de un libro y la terminó porque se supo concentrar, y me dijo “mira ya terminé este libro”. Entonces yo sentí mucha vergüenza, porque yo había dejado pasar no sé si 8 horas o 6 simplemente viendo que hacían unos y que hacían otros sin sacar ninguna conclusión y sin aprovechar el tiempo. Entonces la capacidad de concentración en lo que se quiere hacer pues finalmente es lo que más importa.

– ¿Cuáles son los proyectos en los que estás trabajando?

– Estoy por publicar la segunda parte de “El amante polaco”, solo se publicó la mitad, y en España dijeron que no se publicaban las mitades de novelas, se tiene que publicar el libro entero; entonces, ya se publicaría un solo volumen de “El amante polaco” y no solo una mitad, un cacho. Estoy terminando esto y después tengo pensado hacer otra novela y también un libro de cuentos. Pero yo soy periodista. Todos los domingos de mi vida, sin fallar, sale una entrevista que hago en el periódico “La Jornada”. Yo creo que solamente dejaría de salir si yo estuviera enferma. Este es mi trabajo, este es mi oficio: hacer esas entrevistas, o a veces, bueno puedo hacer alguna crónica, lo que sea. Pero finalmente, a mí, como estoy llena de preguntas, lo que me gusta es preguntarle a los demás y encontrar respuestas, las respuestas que yo misma no he podido encontrar.

* * *

Tres pasiones definen la vida de Elena Poniatowska: dar voz a los olvidados, la reivindicación de las mujeres y la literatura. Entrelazadas producen una notable obra literaria y periodística. Mejor: una prosa capaz de transformar la realidad en la que se basa.

–Quisimos llamar a esta sección “Entrevista: Elena Poniatowska”, como homenaje.

–Lo considero un honor y, de verdad, se los agradezco.

Gracias, Elenita.

Ilustración: Juan Carlos Ceja
ILUSTRACIÓN:
JUAN CARLOS CEJA
1 Entrevista realizada para Interliteraria por Daniel Moreno, Dalia Vázquez, Braulio Guerra “Mago” y Georgina Quintero. Esta versión fue escrita por Daniel Moreno.