Mentira se escribe con “m” de minificción

Por: Braulio Guerra Mendoza, “Mago”

Si tomamos como base que la ficción es una mentira que se cuenta para entretener a cualquier persona que desea darse un descanso de la realidad, podemos decir que las minificciones no son más que mentiras piadosas que se leen en cuestión de minutos o segundos para darnos un brevísimo respiro de la cotidianidad. Por eso es bueno siempre traer guardada una en nuestro bolsillo.

En palabras de de David Lagmanovich, los microrrelatos son una flor en el invernadero de la Literatura1. Es decir, habitan en un ecosistema que se complementa entre los miembros de su comunidad, pero la minificción por sí misma cuenta con características, propiedades, y demás elementos que la hacen digna de detenernos un momento a admirar su belleza.

Además, como toda mentira busca retar a la verdad. Los microcuentos son un reto para la imaginación de los lectores, ya que por sí solos no alcanzan a construirse del todo. El mayor cómplice para que la minificción logre su objetivo es el mismo lector, quien con todo el conocimiento que descifre entre sus líneas le dará un significado. Después de todo, una mentira siempre es cosa de al menos dos partes.

Ahora, como características principales de estas pequeñas dosis de escape a la realidad, tenemos dos elementos fundamentales: la hiperbrevedad y la narratividad. No podemos contar una historia si no está compuesta por un lenguaje literario. Tampoco podemos lograr que sea rápida y fulminante si no apelamos a decir lo más que podamos con la menor cantidad de palabras que nos sea posible. Recordemos que no hay nada más breve que lo que no se dice.

Para el microrrelato lo más importante es el clímax de la historia, casi siempre se olvida del inicio y muchas veces del final. Se centra en el momento de interés de los lectores para así lograr su inmortalidad en la mente de todas las personas que lleguen a toparse con sus letras. Las novelas se escriben con podadoras, los cuentos con machetes, y como apunta Andrés Neuman, el microcuento se escribe con bisturí2.

Con todo lo previamente mencionado se logra la famosa brevedad de las minificciones, y por favor no me mal entiendan, que no es lo mismo lo breve que lo corto: lo breve calla a tiempo, lo corto antes de tiempo3.

Al final de la lectura sabemos que un microrrelato ha sido exitoso porque nos deja más preguntas que respuestas. Nos pone a cuestionarnos sobre qué quiso decir el autor o sobre lo que entendimos. Muchas veces los leemos varias ocasiones y en todas entendemos algo diferente. Y es ahí donde radica la belleza del microcuento: en la interpretación.

Pero no se dejen engañar por mí o toda esta bola de mentiras que están leyendo, al final la minificción es aquello que nos provoca cuando terminamos de leerla. Solo nosotros podemos juzgarla y dictarle sentencia. Y si aún no han tenido la oportunidad de toparse con una, permítanme presentarles esta que escribí especialmente para ustedes:

Ilustración: Eva Palma
ILUSTRACIÓN:
EVA PALMA
1 David Lagmanovich.La otra mirada: antología del microrrelato hispánico. (España: Menoscuatro, 2005), 9.
2 El blog de Andrés Neuman, Microrréplicas. “10 apuntes sobre micronarrativa”. 3 El blog de Andrés Neuman, Microrréplicas. “10 apuntes sobre micronarrativa”.