Los sonetos de Vivaldi:
otro acercamiento a Las cuatro estaciones

Por María de Jesús Tinajero Díaz y Sergio Embleton Márquez

Segundos, minutos, horas, días, meses, años. La vida se mueve a intervalos regulares de tiempo. Nuestro día a día sigue un ritmo, algunas veces calmado, otras más acelerado. Despertamos, trabajamos, comemos, descansamos y dormimos. Al día siguiente, empezamos de nuevo. Pero no sólo nuestra vida sigue un ritmo, sino también el universo mismo, pues el cosmos, según los pitagóricos, está estructurado a base de música.

Todo se mueve de manera tan armoniosa, que Boecio, uno de los teóricos musicales más relevantes de la Antigüedad, afirma que es posible observar esta música universal incluso en las estaciones del año, pues “vemos perfectamente [...] que nada puede ser excesivo de tal forma que disuelva a otro a causa de su propio exceso; pues lo que mantiene congelado el invierno, la primavera lo libera, le otorga calor el verano y lo madura el otoño. [...] o ellos mismos producen sus frutos, o bien apoyan a los otros a que los produzcan”.1

Antonio Vivaldi, con sus muy célebres conciertos para violín Las cuatro estaciones, busca representar mediante el arte sonoro aquella música que no podemos escuchar, pero que está ahí. A través de ellos, nos transporta a los escenarios en los que se desarrolla la historia: podemos ver mediante nuestros oídos los prados llenos de flores; al pastorcillo temeroso por la lluvia que está a punto de destruir la cosecha con la fuerza de su caída; al campesino disfrutando de la vendimia e, incluso, escuchar cómo los dientes tiritan por las bajas temperaturas. A este tipo de composición, que evoca imágenes en los oyentes a través de las notas musicales, se le conoce como música programática.

Además, a estos conciertos los acompañan cuatro sonetos, escritos muy probablemente por el mismo Vivaldi. Se encuentran a lo largo de toda la partitura y, al igual que la música, representan instantes, escenas, paisajes que podemos no sólo contemplar, sino también escuchar, sentir, incluso oler. Y no hay que admirarse de que puedan existir versos que inspiren obras musicales: recordemos que el arte del sonido y la literatura desde siempre han sido una misma cosa, música.

Deseamos, querida, querido lector, que, a través de las traducciones que te presentamos a continuación, puedas recrear y disfrutar este concierto de imágenes sensoriales. Nos gustaría invitarte también a reescuchar Las cuatro estaciones en la versión que tú prefieras. Permítete escuchar el canto de los pajarillos en la Primavera, sentir la languidez y la torrencial tormenta del Verano, experimentar el fervor de Baco en el Otoño y temblar de frío en el Invierno.

Primavera

Llegó la Primavera y muy alegres
las aves la saludan con su canto;
y, al soplo de los céfiros, las fuentes
emanan sus murmullos mientras tanto.

Cubriendo el aire con su negro manto,
la anuncian las centellas en el éter.
Se callan… y las aves, dulcemente,
de nuevo entonan su canoro encanto.

Largo
Así, sobre el florido, ameno prado,
al murmurar sutil del bosque y hojas,
duerme el pastor con su fiel perro al lado.

Allegro
Danzan al son de pastoril zampoña
cabrero y ninfas bajo el techo amado,
al brillo que la Primavera dota.

Versión de Sergio Embleton Márquez

Verano

Bajo un inclemente sol, agotados,
resisten pastores, pinos y ovejas.
Se escucha primero el canto del cuco,
le siguen tórtolas y cardelinas.

Sopla, ligera, una brisa agradable,
mas pronto un viento violento la agita.
Y llora, temeroso, el pastorcillo
por su destino y la fiera borrasca.

Adagio e piano – Presto e forte
A sus miembros exhaustos arrebata
el temor el apacible descanso,
¡sigue un tropel de zumbidos y moscas!

Presto
Ya sus temores se han vuelto reales:
golpea con gran estruendo el granizo,
quebrando a su paso espigas y granos.

Versión de María de Jesús Tinajero Díaz

Otoño

Celebra el labrador con baile y canto
el gran placer por la feliz vendimia;
por el licor de Baco ardiendo tanto,
su gozo con el sueño se termina.

Adagio molto
Se van las penas con el baile y canto,
con el placer que da templado el viento;
y la Estación invita a tanto, a tantos
a disfrutar, luego de un dulce sueño.

Allegro
El cazador sale a cazar al alba
con escopeta, cuerno y perros fieros;
huye la bestia y tras sus huellas andan.

Se asusta por los ruidos, como truenos,
de perros y escopeta. Herida, trata
de huir y exhausta muere por el hierro.

Versión de Sergio Embleton Márquez

Invierno

Te estremeces, helado, entre la nieve.
Ante el terrible soplido del viento,
tus gélidos pies no logran calmarse
y crujen tus dientes por el cruel frío.

Largo
Descansas, sereno, al fin junto al fuego,
mientras afuera la lluvia no para.

Allegro
Caminas por el hielo a paso lento,
por temor a caer muy lento avanzas.
Vas firme, resbalas, caes al suelo,
pero enseguida pisas con más fuerza.

Escuchas el crujir del hielo denso
y sientes cómo a tu paso se rompe.
Sufres la guerra de todos los vientos,
pero hay mucha alegría en el Invierno.

Versión de María de Jesús Tinajero Díaz

Ilustración: Coctecon
ILUSTRACIÓN:
COCTECON
1 Boecio. De institutione musica. 1. 2. Versión de Sergio Embleton Márquez.