La lógica de 221B Baker Street

Por Fernando Rocha Rosario

Estudio en escarlata en Todo Sherlock Holmes.
Arthur Conan Doyle, 2003 (1887).
Cátedra.

Con Sherlock Holmes lo atractivo no es la atrocidad del crimen o el drama que rodea a los culpables, sino el método para resolverlo. El personaje de Arthur Conan Doyle, más allá de héroes, genios o ególatras, es lógica en acción, ciencia apasionada y activismo literario.

En Estudio en escarlata (1887), Holmes presenta su «ciencia de la deducción», un artículo menospreciado por el doctor Watson pero que fuera de la novela sería parte del desarrollo lógico del siglo XIX junto a George Boole, Augustus De Morgan, Gottlob Frege y Charles Sanders Peirce. Esta novela, aunque breve, representa el modelo de razonamiento detectivesco, lo que Holmes en El Signo de los Cuatro (1890) resumiría en observación, deducción y conocimiento (acumulación de experiencia). El único desacierto de Conan Doyle (aunque tal vez intencional para facilitar la comprensión de sus obras) fue confundir deducción con abducción y no mencionar la inducción. Si Holmes resuelve mejor los crímenes que Scotland Yard es debido a que piensa los hechos como premisas y conclusiones, cuya relación de inferencia es inductiva y está sustentada en su experiencia.

Existe entre los hechos delictivos un vivo parecido de familia, y si usted se sabe al dedillo y en detalle un millar de casos, pocas veces deja usted de poner en claro el mil uno.

Tomemos un ejemplo del mismo Holmes, cuando explica a Watson cómo concluyó, con una sola observación, que él era médico militar y que estuvo en la guerra anglo-afgana.

He aquí un caballero que responde al tipo de hombre de Medicina, pero que tiene un aire marcial. Es, por consiguiente, un médico militar con toda evidencia. Acaba de llegar de países tropicales, porque su cara es de un fuerte color oscuro, color que no es el natural de su cutis, porque sus muñecas son blancas. Ha pasado por sufrimientos y enfermedad, como lo pregona su cara macilenta. Ha sufrido una herida en el brazo izquierdo. Lo mantiene rígido y de una manera forzada… ¿En qué país tropical ha podido un médico del Ejército inglés pasar por duros sufrimientos y resultar herido en un brazo? Evidentemente, en Afganistán. (p. 67)

El primer encuentro entre Watson y Holmes fue en un laboratorio de química, durante uno de los experimentos del detective. Quien los presenta, menciona «doctor Watson», con lo cual Holmes incluye a Watson (•) a un conjunto definido de individuos: quienes profesan la medicina. Representémoslo en diagramas de Venn.

Y en una mirada ocurre todo el razonamiento: la postura, el semblante o los gestos de Watson, muestran su aire marcial, por lo que la intersección entre médicos y militares son los médicos del ejército.

El contraste entre sus muñecas y su cutis concluye que es inglés pero que se bronceó por estar en un país tropical.

La rigidez exhibe que tiene una herida y la cara pálida infiere que ha sufrido, por lo tanto, ¿qué individuos tienen todas estas características: ¿médico militar, inglés y con recientes padecimientos?

La conclusión: quienes contendieron en la guerra con Afganistán.

Este proceso se llama inferencia y es el que le sigue a la observación. No obstante, aunque Holmes acertó con Watson, la conclusión no deriva necesariamente de las premisas: aunque los casos eran ínfimos, aún era posible que Watson hubiese viajado a otro país tropical y que allí perdiese a una persona especial (su esposa no, pues la evidencia de ello habría sido que Watson no portaba anillo matrimonial ni tenía una marca en su dedo) en un accidente que le hirió el brazo, esto también explica todas las observaciones de Holmes, aunque de manera menos probable. Por lo tanto, la inferencia del detective fue inductiva, dado que la relación entre las premisas y la conclusión es probable, no necesaria como sí ocurre en la deducción.

Observación e inferencias inductivas son la síntesis del detective, pero la abducción contiene a ambas. Aquí es donde Sherlock pasa de lógico a científico, del razonamiento al rastreo de procesos. Cuando Holmes y Watson arriban a los Jardines de Lauriston a examinar un cadáver, Scotland Yard consideraba raro y complejo el caso. «Señor, este caso armará revuelo. Deja atrás a cuanto he visto hasta ahora, y yo no soy un novato» dijo Lestrade a Holmes. Conan Doyle era médico, por lo que su diagnosis era el rastreo de su personaje: ¿qué buscaba cuando examinaba y experimentaba con la escena del crimen? Pistas. Indicios. ¿Cómo a partir de esos datos llegaba a conclusiones inductivas? Las pistas son evidencias de un acontecimiento anterior, análogamente, son elementos de un conjunto que los contiene, es decir, sin estos conjuntos-acontecimiento, los elementos-pistas no pudiesen haber existido.

Aquí se ha cometido un asesinato, y el asesino fue un hombre. Ese hombre tiene más de seis pies de estatura, es joven, de pies pequeños para lo alto que es, calzaba botas toscas de puntera cuadrada y fumaba un cigarro de Trichinopoly. Llegó a este lugar con su víctima en un coche de cuatro ruedas, del que tiraba un caballo de tres herraduras viejas y una nueva en su pata derecha delantera.

Sin embargo, en ocasiones no toda la información inmediata basta para obtener una conclusión plausible, además de que no explica por qué fue cometido el delito, cuestión imprescindible para el detective, como lo revelan las historias posteriores a la solución del crimen. Simbolizando un poco, la observación e inferencia inductiva permite a Holmes describir Y, cómo y quiénes participaron en el crimen, pero a través de las pistas también obtiene información suficiente para M → Y, es decir, el mecanismo causal, cómo ciertos hechos condujeron al crimen; este rastreo de procesos continúa hasta que el detective logra construir X → M → Y, cuál fue la causa que desencadenó los acontecimientos que resultaron en crimen, en este caso, el asesinato en los Jardines de Lauriston.

En ciencias sociales tal rastreo de procesos tiene cierta estructura que puede abreviarse en: describir un efecto, disponer de hipótesis sobre su relación causal y de evidencias empíricas con las que tales hipótesis puedan comprobarse o desecharse mediante testeos. En eso consiste la abducción. La existencia del antecedente anterior es meramente probable, tentativo, de lo contrario, caeríamos en la falacia de la afirmación del consecuente.

Los testeos realizados por Holmes tienen el fin de comprobar o desechar sus hipótesis de dos maneras: introduciendo algunos términos, si cierta hipótesis pasa el smoking gun test, da evidencia sólida de su veracidad, pero si no lo pasa, no la descarta; y si cierta hipótesis no pasa el hoop test, es descartada, pero, si la pasa, no es evidencia sólida de su veracidad. Cuando John Rance, el guardia que descubrió el cadáver, es entrevistado para obtener «información de primera mano», el detective, conjuntándolo con lo inducido en la escena del crimen, intuye lo que es posible que ocurra y lo que necesariamente ocurrió. El primer test, en este caso, es el anuncio en el periódico publicado para atraer al presunto criminal. La explicación de por qué tal experimento, la da el mismo Holmes:

Meditando en lo ocurrido, habrá pensado que es posible que hubiese perdido el anillo en la carretera después de abandonar la casa. ¿Qué hará en ese caso? Repasará con ansiedad los periódicos de la tarde con la esperanza de verlo anunciado entre los hallazgos.

El segundo test lo efectúa el asesino, aún desconocido en ese momento, al cometer un segundo crimen sobre un posible sospechoso, descartando así un conjunto de hipótesis (aunque no las más interesantes para nuestro protagonista). El tercer test es efectuado por el detective con un par de píldoras para comprobar si estas son venenosas.

El primer experimento es un hoop test: si no hubiesen recogido el anillo, el sospechoso dejaría de serlo. El segundo experimento se trató de un smoking gun test: el asesinato de las dos personas da evidencia sólida de que el culpable es quien supone Holmes. Finalmente, el tercer experimento es un hoop test: al observar la muerte inmediata de un can después de la ingesta de una de las píldoras, el arma homicida es hallada, con lo que se refuerzan las conclusiones anteriores. Los datos, las deducciones y los experimentos sólo en conjunto tienen sentido, no sólo unos se siguen de otros sino que, en conjunción, son consistentes y no absurdos.

En la primera parte de Estudio en escarlata conocemos al lógico en acción y al científico apasionado que es Sherlock Holmes, pero sólo con la segunda parte completamos su personalidad activista: la justicia. Cuando el detective organiza a los mendigos de la ciudad para obtener sigilosamente información y cuando incluso sus experimentos pueden considerarse tácticas para atrapar al criminal o recolectar evidencia de su culpabilidad, observamos su capacidad estratégica, pero cuando Conan Doyle nos regala la perspectiva del criminal, la historia de X, la causa primera que mediante los acontecimientos M se cometió el delito Y, entonces dudamos sobre si la justicia fue el crimen o la aprehensión del criminal.

Sherlock Holmes demuestra el poder del razonamiento y el juego de la ciencia. Seguir sus aventuras es aprender a desnudar y organizar el mundo.

Ilustración: Valo G.
ILUSTRACIÓN:
VALO GUZMÁN